4.5.10

"conhecimento das coisas baseado no realismo" (II): potência e acto

"El cambio: ... la eperiencia nos muestra una realidad peculiar: el movimiento o el cambio en general, que nos permite ver que las cosas, además de lo que son en cada momento, tienen la capacidad real de ser otro, de adquirir perfecciones o perderlas. Ya en el lenguaje ordinario esa capacidad recibe el nombre de potencia: de hacer algo o potencia activa, y de recibir la acción de otro o potencia pasiva (cfr. In 9 Metaphys. l). Cuando se ejercita la capacidad de obrar tenemos el acto o acción; cuando se realiza lo que estaba en potencia pasiva, tenemos el acto correspondiente a esa potencia. De por sí, acto dice perfección, realidad: no es definible por ser una noción primaria; sólo puede mostrarse por ejemplos concretos en que se ve la actualidad respecto a un aspecto que antes estaba en potencia (cfr. In 5 Metaphys. 14). Potencia y acto propiamente no son dos «estados sucesivos». Ya que acto indica simplemente realidad, de modo que los actos concretos que observamos -por no ser puramente actos, sino actos limitados: acto de correr, p. ej., y no de otra cosa- están limitados precisamente por su correspondiente potencia, análogamente a como lo recibido se limita por el recipiente (cfr. Quodlib. 7,1,1 adl). La potencia no es, pues, sustituida por el acto, sino que recibe el acto siendo por él actualizada o realizada. Por tanto, mientras no es posible algo que sea simple y pura potencia (la potencia, para ser real, ha de ser potencia de algo existente, por tanto, ya en acto respecto al ser), sin embargo, nada impide pensar en un Acto Puro, no limitado por potencia alguna ...

El movimiento es algo real, y, por tanto, acto: es el acto de un existente en potencia en cuanto que está en potencia; es, pues, un acto imperfecto, todavía no terminado: pero no es acto y potencia respecto a lo mismo, lo que sería contradictorio (cfr. Contra gentiles, 1,13). Sin embargo, un acto puede ser a la vez potencia respecto a otro acto más perfecto: así, poseer una ciencia es acto respecto a la capacidad de adquirirla, pero es potencia respecto a ejercerla actualmente (cfr. ib. 1,45). En el mundo material observamos cambios profundos, por los que un ente deja de ser lo que es y pasa a ser otra cosa. Es patente que se trata de cambios, no de aniquilación de una cosa y producción ex nihilo de otra; habrá, pues, un sustrato que permanece, que ha de ser una potencia que participaba de un acto y pasa a participar de otro acto distinto. Esa potencia, sustrato común último de los cambios materiales, recibe el nombre de materia prima: el acto que recibe, constituyendo el ente material, se llama forma sustancial o acto formal sustancial. La materia prima es, pues, sólo potencia, pero no potencia pura, ya que siempre es actuada -por ser real- por algún acto formal sustancial (cfr. In 7 Metaphys. 2). La potencia y el acto se corresponden, pero no de modo completamente unívoco: una misma potencia puede actualizarse por actos distintos pero siempre del mismo tipo (p. ej., la potencia de pensar sólo se actualiza pensando, pero se pueden pensar cosas diversas). Así, los actos a los que se ordena la materia prima, aunque son diversos, son todos de un mismo tipo: son formas sustanciales, es decir, constitutivos de lo que las cosas son.

Además de esos cambios sustanciales, observamos otros cambios en los que permanece el mismo ente, siendo lo mismo que era (p. ej., el cambio de posición en el espacio de un ente respecto a otro). Lo perdido o ganado en estos cambios es algo real, pero no sustancialmente constitutivo: se llama accidente. Los accidentes resultan, pues, de la actualización de ciertas potencias del sujeto que permanece, que se llama substancia, es decir, materia prima actualizada por la forma sustancial. Los accidentes no son una especie de «envoltura» externa de la substancia, sino modos de ser de la misma, que pueden variar sin que la cosa deje de ser lo que es. Por eso, los accidentes propiamente no son, sino que la substancia es según esos accidentes (cfr. Sum. Th 1 q45 a4). Por tanto, el accidente recibe de la substancia el ser; la substancia recibe del accidente el ser de un modo concreto (accidental). El ser del accidente es, por tanto, un ser-en (inherir, esse in).

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