17.5.10

No recuerdo al Papa nunca tan satisfecho, tan gozoso, tan participativo, tan presente

"Colmó todas las expectativas.

Portugal se volcó con el Papa. Como si en días de tantas miserias, y de tantos miserables ataques a su persona, los católicos de aquel país, más los que llegaron de fuera, hubieran querido demostrar a Benedicto XVI y al mundo con quien estaban.

Desde el amor. El sensus fidei fue un clamor en Fátima. Ubi Petrus ibi Ecclesia. Allí, con él. Aviados van quienes han querido separar a los fieles del Padre común. Es un fenómeno que sólo puede entenderse desde la gracia. Esa unión misteriosa de los católicos con el Papa. Que si algunos quieren romper surge si cabe con mayor fuerza. Es penoso el intento de esos personajillos a quienes no sigue nadie de romper ese vínculo de amor, de confianza, de fe. Digan lo que digan, hagan lo que hagan, los católicos están con el Papa.

Benedicto XVI acaba de comprobarlo con gozo manifiesto. Se le notaba en la cara. Estaba feliz. Las jornadas fueron agotadoras y este Papa de 83 años, de débil apariencia y gesto contenido, que mide sus actos pues conoce sus fuerzas, en esta ocasión se entregó todo. Seguro que más de lo aconsejable. Como si necesitara en estos días tan duros, sentir el amor de sus hijos. Y vaya si lo notó. Desbordado, permanente, hasta sofocante. Y la felicidad ocultó el cansancio.

No recuerdo al Papa nunca tan satisfecho, tan gozoso, tan participativo, tan presente. Otro milagro en esa tierra de milagros que es Fátima. El Padre rodeado del amor de sus hijos y feliz de comprobarlo. Su paso leve era si cabe más leve, como si lo llevaran los ángeles. Como si no le pesaran los años. Como si la Virgen, a la que dirigió tan hermosas palabras, le sostuviera. Quiso Benedicto XVI ir a la Madre con amor de hijo, llevándole su rosa de oro a la capelinha de las Apariciones. Y la Madre se lo agradeció diciéndole: Benedicto, ahí tienes a mis hijos, que, por míos, son tuyos. Todos los católicos del mundo estábamos allí, Santo Padre. Con la Virgen de Fátima y contigo. Aunque no estuviéramos presentes.
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Francisco José Fernández de la Cigoña, La Gaceta, 16/05/2010

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