6.8.15

Excomunión y acceso a la comunión: breve lección...

Luis Fernando Pérez Bustamante, Infocatólica, 06/08/2015:
"... existe una diferencia fundamental entre estar excomulgado y no poder comulgar...

Ciertamente todos los excomulgados no pueden comulgar, pero muchos de los que no pueden comulgar, sea de forma temporal o de forma “continua", no están excomulgados.

La excomunión supone literalmente la expulsión del bautizado de la Iglesia. Es la pena medicinal más “dura” y se aplica solo a determinados pecados o delitos. Entre ellos, el de la herejía, el cisma, el aborto y otros....

Es doctrina católica, concretamente dogma de fe, que la comisión de un pecado mortal hace que el fiel no pueda recibir el sacramento de la comunión si no se ha confesado y ha sido absuelto del mismo...

¿Es grave comulgar en pecado mortal? Sí, mucho. San Juan Pablo II, Papa, cita a San Juan Cristóstomo en su encíclica Ecclesia de Eucharistia:
San Juan Crisóstomo, con la fuerza de su elocuencia, exhortaba a los fieles: «También yo alzo la voz, suplico, ruego y exhorto encarecidamente a no sentarse a esta sagrada Mesa con una conciencia manchada y corrompida. Hacer esto, en efecto, nunca jamás podrá llamarse comunión, por más que toquemos mil veces el cuerpo del Señor, sino condena, tormento y mayor castigo» (Homilías sobre Isaías 6,2)

Ecclesia de Eucharistía, 35
Justo tras esa cita, el papa santo polaco recuerda la enseñanza del Catecismo y del Concilio de Trento:
Precisamente en este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica establece: « Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar». Deseo, por tanto, reiterar que está vigente, y lo estará siempre en la Iglesia, la norma con la cual el Concilio de Trento ha concretado la severa exhortación del apóstol Pablo, al afirmar que, para recibir dignamente la Eucaristía, «debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal».
Si se fijan ustedes, San Juan Pablo II dijo que esa norma está y estará siempre vigente en la Iglesia. La razón es simple. Es lo que enseña la Escritura y no se puede cambiar. Nadie, ni siquiera un papa y/o un concilio ecuménico, puede cambiarla, porque recordemos que el magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio.

Una vez constatado que no se puede comulgar en pecado mortal, toca responder a la pregunta de si el adulterio entra en esa categoría. La respuesta no puede ser otra que afirmativa. El adúltero ha caído de la gracia de Dios y está en grave peligro de condenación eterna. Entre la lista de pecados incompatibles con la salvación que da San Pablo en 1ª Corintios 6,9-10, figura el adulterio.
¿Qué solución tiene el adúltero? Exactamente la misma que la de cualquier otro cristiano que comete un pecado mortal. Dejarse llevar por la gracia de Dios hacia el arrepentimiento, la confesión y la penitencia. Para que la confesión sea válida, es necesario que se den algunas circunstancias. Cito de nuevo el Catecismo:
1451. Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar” (Concilio de Trento: DS 1676). ...
Es fundamental que entendamos la necesidad que tiene el que se confiesa de manifestar su deseo de no volver a pecar. Si nos confesamos de pecados con la intención de seguir cometiéndolos, no vamos a ser perdonados por mucho que el sacerdote nos dé la absolución. Otra cosa es que, por nuestra debilidad carnal, volvamos a pecar una y otra vez en lo mismo durante un tiempo e incluso durante buena parte de nuestras vidas. Pero siempre, SIEMPRE, será imprescindible que deseemos no caer en esos pecados. Y si pedimos ayuda a Dios, su gracia nos irá liberando -poco a poco o a veces de forma instantánea- de pecados que parecían estar enquistados. Esto debería ser predicado constantemente, porque no hay cosa que agrade más al alma que verse libre de aquello que le aleja del Amado, que es Dios.

... los divorciados vueltos a casar. Mienrtas sigan conviviendo maritalmente, están en pecado mortal continuo. Y si no tienen intención de dejar de convivir como esposos cuando no lo son, no pueden recibir la absolución, por la sencilla razón de que no se cumple la condición de manifestar la “resolución de no volver a pecar”. ...

Por tanto, divorciados vueltos a casar, ¿excomulgados? No. ¿En pecado mortal? Sí. ¿Pueden comulgar si siguen en pecado mortal? No. Esa es la fe de la Iglesia.

Concluyo recordando un párrafo fundamental de la exhortación apostólica Familiaris Consortio de San Juan Pablo II:
La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.
Familaris consortio 84
El papa Francisco citó ayer esa exhortación de su predecesor. No tiene sentido pensar que nuestro actual papa cita a San Juan Pablo II sin aceptar todo lo que él, en consonancia con la Escritura, la Tradición y el magisterio bimilenario previo, enseñó en ese documento magisterial."

Sem comentários: